El 10 de octubre de 1982, fue el inicio de la Presidencia de Hernán Siles Zuazo, como la expresión concreta de la reconquista de la Democracia en nuestro país.
sábado, 10 de octubre de 2020
¡VIVA EL 38 ANIV. DE LA RECONQUISTA DE LA DEMOCRACIA!
sábado, 16 de mayo de 2020
CURAS TERCERMUNDISTAS
No era extraño ver personalidades muy importantes de la izquierda revolucionaria y que acudían al lugar, para dar charlas sobre la situacion política nacional é internacional, sobre la lucha de los trabajadores, campesinos, estudiantes y etc. La parroquía de El Salvador de la zona del Tejar, era un espacio de libertad, de encuentros, de confraternizacion y solidaridad de quienes luchaban por la Democracia y en contra de las dictaduras. Muchas personalidades del campo popular mantenían contactos y relaciones políticas con la juventud y los trabajadores del lugar; tambien convergían jóvenes de otras zonas populares, incluso, estudiantes de secundaria comprometidos con la luacha democrática. Entre estas personalidades estaban, Filemon Escobar, José Reyes, Genaro Flores, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Armando Morales, Juan Lechin (quien ademas, realizó un congreso de su organizacion política, el PRIN); y otros que no necesariamente eran de la izquierda revolucionaria, sino miembros de la Iglesia católica, como Luis Espinal, Gregorio Iriarte, Eugenio Bataglia y otros muy cercanos al padre Juan Carlos Pezzota, párroco del lugar.
Una noche cualquiera, antes del golpe militar del 17 de julio de 1980, varios muchachos con militancia política en organizaciones de la izquierda marxista y otros que no militaban en ningún partido político, pero con ideales por la democracia y por la revolución, escucharon de boca propia de un cura tercermundista de la Parroquia el Salvador de la zona el Tejar, de que había que organizar la resistencia popular, contra lo que consideraba inminente una aventura militar para impedir que el pueblo recupere la Democracia y su derecho al ejercicio de la soberanía popular como fuente de la elección y conformación de un gobierno democrático.
Los muchachos escucharon muy atentos al cura tercermundista y asumieron la resolución inquebrantable de que no había mas alternativa que organizarse y prepararse para resistir, más aún, si meses antes, el padre Luis Espinal, había sido secuestrado, torturado y luego asesinado por los paramilitares. No podían dejar de lado aquel alevoso crímen, y consideraban que había la necesidad de descargar una respuesta contundente contra los asesinos. Además, los muchachos habían llegado a sentir el profundo cariño, respeto y adminracion por Luis Espinal, hasta indentificarse con su posicionamiento ideológico y político en la lucha y defensa por los pobres y por la justicia social, quien desde las cinco de la mañana, en la Parroquia El Salvador de el Tejar, daba sus charlas a la juventud, sobre sobre el cine popular, y por cierto, sobre la necesidad de asumir un compromiso social con los pobres y humildes del país.
En una de esas tantas reuniones, alguien le preguntó al cura tercermunista en sentido de: "cómo se podía resistir al inminente golpe militar, ya que el pueblo y los trabajadores no tenían armamento, y tampoco los partidos de la izquierda que resistieron a la dictadura banzerista estaban en la capacidad de responder militarmente a los aventureros golpistas". Un joven trabajador fabril, al hacer uso de la palabra, condenó con toda vehemencia a los grupos o partidos de izquierda que por años proclamaban la lucha armada para tomar el poder y que, llegado el momento, “no tenían siquiera un alfiler para ser consecuentes con sus prédicas de lucha armada”. A su turno, muchos hicieron uso de la palabra, en su mayoría expresaron su firme determinación de organizarse contra el inmienente golpe militar, ya sea en las minas, en las ciudades y en el campo y etc.
En el ambiente se respiraba un olor a pólvora, y nadie se animó en plantear de manera clara y puntual sobre la cuestión del armamento, hasta que lo hizo un compañero, quien de manera categórica, manifestó su deseo de incorporarse en la instancia que fuese para preparar a quienes así lo deseaban en la organización y constitución de células, grupos o brigadas armadas para enfrentarse a los golpistas. La mayoría de los asistentes, entusiastas y por unanimidad apoyaron la propuesta, ofreciéndose resueltamente para asumir las tareas necesarias.
Con el convencimiento de que se daría una resistencia popular en las minas contra la aventura golpista, en las ciudades y el campo, y que consiguientemente la lucha sería prolongada, tal vez días, semanas o meses, uno de los curas tercermundistas propuso la necesidad de aprovisionarse de alimentos (arina, azucar, fideo y otros) para hacer frente al hambre, y también ocuparse de los primeros auxilios porque con seguridad habrían heridos en los combates.
Extraordinariamente, se estaban asumiendo decisiones histórica desde una Parroquia de una zona popular, entonces como una especie de reducto de los curas tercermundistas que mantenían fuerte ligazón con los movimientos juveniles, trabajadores y campesinos, bajo la "teología de la liberacion".
Luego, el cura tercermundista de origen italiano se puso de pie y no sin antes de arengar a los asistentes, se comprometía a dotar de armamento traído desde la península para pertrechar a los grupos, células o brigadas de combate, y que a más tardar estarían hasta el mes de julio de ese año (1980). La información fue recibida con inusitado entusiasmo y alborozo entre los jóvenes, principalmente por los que estaban convencidos del método de la lucha armada.
Asumiendo las tareas de aquella reunión, en una fría noche en la Parroquia de El Salvador, un grupo de jóvenes fueron comisionados para descargar de un camión las provisiones de alimentos para resistir los días, semanas o meses de lucha contra el golpe militar que parecía inevitable. Ocurrió que entre los que iban descargando los quintales de harina, arroz, azúcar y etc. estaba un compañero de nombre Rufus, dizque del MIR chileno, de mediana estatura, de tupida barba y lentes muy gruesos, con un aspecto físico extremadamente delgado o de aparaciencia desnutrida, quien, desoyendo los pedidos fraternales de sus compañeros de que no lo haga, cargó dificultosamente sobre su espalda un quintal de harina, con las extremidades inferiores arqueadas y temblorosas y su "cuerpo de niño" que se balanceaba peligrosamente con desplomarse hasta que ogró trasladarlo hacia un depósito. Todos quedaron perplejos, asombrados y convencidos que la “fuerza de voluntad” o la “fuerza de la convicción” hacía posible el cumplimiento de las "tareas revolucionarias" por mas dificiles que puedan ser o por mas sacrificado que sea. Por cierto, la actitud del "mirista chileno", ayudó a elevar el estado de ánimo de los muchachos que no podian todavía salir de su asombro, e indudablemente contribuyó a que puedan fortalecer su compromiso en la lucha por la democracia y en contra del golpe militar que se avecinaba.
Un Comité de compañeros se dio a la entusiasta tarea de reunir todo tipo de armas cortas y ligeras, municiones, granadas, herramientas y materiales con los cuales poder fabricar armas caseras. El compañero “Hipo”, en los hechos el comandante, hijo de un famoso dirigente fabril era el encargado de hacer preparar los famosos “cazabobos”, “granadas”, “miguelitos” y etc. En tanto que los otros compañeros tenían funciones asignadas de organización política y militar en el Comité. Estaban convencidos que las armas o ametralladoras que había prometido el cura tercermundista, llegarían en pocos meses, antes del estallido del golpe militar que, dado los últimos graves acontecimientos, como el asesinato del cura jesuita Luis Espinal, era una cuestión de tiempo.
Lo inminente se había producido y lo esperado no había llegado. El golpe militar estalló el 17 de julio de 1980, y las armas prometidas no llegaron a tiempo. Había frustración en las filas de los muchachos organizados. No había nada que hacer, sino luchar con el pecho descubierno ante los carros de asalto y francotiradores. Solamente podían aparecer sorpresivamente para hostigar a los efectivos militares y paramilitares y luego desaparecer súbitamente. Se hostigaba principalmente apenas llegaba la noche, y luego en la ciudad se podía escuchar explosiones, disparos y rágagas de ametralladora. Los muchachos lo hacían como podían y con lo que tenían. No había condiciones de librar combates directos, hacerlo era un acto de suicidio. No estaban solos, se podía captar señales de radio que demostraban que en los campamentos mineros los trabajadores resistían al golpe militar.
La juventud, al no contar con las ametralladoras que el cura italiano tercermundista había prometido, no tuvieron más que resistir con lo que se había reunido.
En el Comité de Organizacion se destacaron muchos compañeros por su firme compromiso en la lucha por la democracia y la liberación nacional, como el compañero “Sonrisas” por su disciplina y resolución con las tareas asumidas y cometidas con mucha audacia y entrega revolucionaria (después de casi más 25 años llegó a ser Presidente del Servicio de Impuestos Internos); el compañero “Nativo” un beniano de mucho coraje y predispuesto a asumir cualquier tarea por mas riesgosa que sea, quien junto al compañero “Antonio”, “Juan” y otro compañero con su nombre de organizacion de el “Borracho”, demostraron que a plena luz del día y en pleno centro de la ciudad de La Paz, se podía cumplir con la tarea de hostigamiento, por muy peligroso que sea, a riesgo de sus propias vidas; el compañero “Chino” y el compañero “Carlos” y otros que hicieron frente al golpe militar desde los barrios populares organizando a la juventud y al pueblo para resistir al golpe militar. Luego, una vez precariamente instalado el gobierno de facto en el Palacio Quemado, tuvieron que pasar a la clandestinidad para continuar con la resistencia, hasta derrotar a la dictadura y reconquistar la Democracia con el 10 de octubre de 1982 con la posesion de Hernan Siles Zuaso como Presidente Constitucional de la República de Bolivia.
Otros compañeros, como un tal “Félix”, en esos momentos de acciones y necesidad, desaparecieron del escenario de la contienda junto al "pequeño arsenal" que humildemente se había reunido. Sus argumentos posteriores fueron de que "todo estaba perdido y que además no habían llegado las famosas ametralladoras prometidas por el cura rojo". Luego, jamás se supo sobre el destino de dicho "pequeño arsenal". Tampoco se supo si las armas prometidas por los curas tercermundistas habían llegado a nuestro país.
La mayoría de los muchachos del Comité Principal, eran militantes de la otrora y gloriosa Juventud Comunista de Bolivia, luego del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria. Es necesario resaltar que la Dirección del viejo Partido no conocía sobre las actividades de sus militantes, y si alguna vez lo sospecharon, no se cansaron de estigmatizarlos como guerrilleristas, foquistas, maoistas, troskistas, y etc.
(Carlos Rafael)
domingo, 4 de agosto de 2019
EL “JESUCRISTO” EN LA RESISTENCIA
domingo, 9 de junio de 2019
EL CÍRCULO "CUPERTINO CABALLERO"
A primeras horas de la madrugada del 3 de agosto de 1975, a dos cuadras de la zona del Cementerio General de La Paz, había concluido la reunión del Círculo Cupertino Caballero* de la Juventud Comunista de Bolivia, realizada en un local donde de día funcionaba una molinera de propiedad del padre de uno de los miembros, el “Cochalo”, quien sin que el Partido le exigiera, había dispuesto voluntariamente su uso para la causa del proletariado.
El “Chapaco”, un viejo bolchevique del Partido, era un especie de Comisario Político, cuya función era dar asistencia política al Círculo. Luego, previa las recomendaciones e instrucciones de rigor, se puso al mando del Circulo para cumplir la tarea que el Partido había asignado.
Los "jotosos" con sus nombres de organización, como el “Tractor, el “Cochalo”, el ”Carlos” y “Juan Carlos”, asumieron con entusiasmo la misión partidaria, cual soldados del proletariado, la que que consistía en realizar pintas subversivas en los “muros del pueblo”, desde el heroico e histórico Puente de la Villa Victoria hacia la antigua carretera a la ciudad de el Alto, con consignas entonces muy peligrosas que podían costar la vida, como las de ¡Fuera las tropas militares de los centros mineros! ¡Muera el fascismo! ¡Libertad para los presos políticos y sindicales! ¡Muera Banzer! ¡Democracia o fascismo! y etc.
Entusiasmados y emocionados, munidos de utensilios y pintura en spray, camuflados y bien pertrechados de “leyendas” en caso de captura y detención por parte de las fuerzas represivas de la dictadura fascista, aproximadamente a las dos de la madrugada, en medio de la oscuridad, abandonaron el local de la molinera con mucho sigilo, rumbo hacia el Puente de la Villa Victoria.
Consientes contra todo tipo de riesgo, se debía cumplir disciplinadamente la tarea del Partido, nada menos a pocas horas de la llegada del Pdte. de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, quien visitaba el país para asistir a los festejos del sesquicentario de la fundación de la República de Bolivia, en los que el dictador Banzer pretendía mostrar ante la comunidad internacional que, los trabajadores y nuestro pueblo vivíamos con total armonía y felicidad con ORDEN, PAZ Y TRABAJO.
Habían pasado casi cuatro años desde el sangriento golpe fascista de 21 de agosto de 1971, desde entonces, los trabajadores y nuestro pueblo estaban sometido a un régimen de facto que había proscrito las libertades democráticas, políticas y sindicales. Había creado en medio del terror y la persecución sangrienta, los famosos campos de concentración de Choncoro, Viacha, Achocalla, Alto Madidi, Isla del Coati y algunas casas de seguridad en las ciudades donde se encontraban privados de libertad y sometidos a toda clase de suplicios, muchos dirigentes clasistas y revolucionarios de los trabajadores, campesinos, estudiantes, y militantes de los partidos marxistas. El régimen militar había desatado una feroz represión procediendo a las detenciones, persecuciones, allanamientos, torturas y asesinatos, destierros y confinamiento, y etc. Los centros mineros estaban bajo ocupación militar, masacres de campesinos, intervención militar a las Universidades Publicas, proscripción de la Autonomía Universitaria y etc.
El Partido, había dado la misión, y los militantes jotosos del Círculo Cupertino Caballero tenían una buena oportunidad para demostrar su inquebrantable compromiso y entrega de lucha revolucionaria contra el fascismo y por la democracia, muy a pesar del inminente peligro que suponía una misión en condiciones absolutamente desfavorables, porque las calles y avenidas estaban siendo patrulladas por fuerzas policiales y civiles armados en prevención de cualquier desorden o disturbio durante la visita de un Presidente latinoamericano.
Realizar la propaganda revolucionaria frente al gobierno del dictador Hugo Banzer, realmente llenaba de profunda emoción a los "jotosos", y además, estaban totalmente convencidos que había que apoyar la creciente resistencia de los trabajadores de los centros mineros y de las fábricas contra la dictadura del banzerato.
Una vez en el lugar, inmediatamente empezaron con la tarea revolucionaria. Todo iba tan bien, hasta que el campana “Cochalo”, ubicado debajo del puente de la Villa Victoria, advierte la inesperada presencia de las fuerzas represivas de la dictadura en el lugar, quienes no le dieron ninguna oportunidad para poder eludir a sus captores, y de esta manera empezaría a ser sometido a toda clase de vejámenes y torturas en las mazmorras del fascismo. En tanto que, advertidos de la grave situación por la presencia y despliegue de los efectivos policiales y de agentes de inteligencia del Ministerio del Interior, los “jotosos" del Círculo Cupertino Caballero, para impedir su captura con el “cuerpo del delito", tuvieron que deshacerse desesperadamente y como podían de todo material comprometedor.
El “Tractor” y el” Chapaco” se internaron hacia el bosquecillo de Pura Pura, con dirección hacia Achachicala, e inmediatamente se lanzaron sobre ellos los guardianes del viejo Estado, en medio de gritos de ¡Alto carajos! ¡Rojos de mierda!, efectuando disparos de armas de fuego por doquier. A los pocos minutos, a pocos metros del Puente de Villa Victoria, hacia la carretera antigua a el Alto, llegaron y se detuvieron varios vehículos del Ministerio de Gobierno con agentes civiles bien armados, y también vehículos con refuerzos policiales para emprender inmediatamente una sañuda persecución a los que se internaron al bosquecillo de Pura Pura. Los disparos de armas de fuego poco a poco se alejaban hacia la profundidad del bosquecillo, como claro señal de que la persecución era implacable. A lo lejos, como después de una media hora, desde la parte superior de la fábrica Said, los agentes del gobierno, habían instalado un reflector con el que oteaban el bosquecillo en su propósito de descubrir a los que huían de sus represores.
El "Chapaco", herido de bala en uno de sus tobillos, había logrado romper el cerco y de esta manera eludir su captura. Se dice que fueron trabajadores de la zona de Achachicala, quienes desafiando el peligro, le dieron inmediato refugio, y así evitar su captura por los agentes del gobierno.
El "Tractor", fue capturado por los alrededores del rio Choqueyapu, frente a la fábrica Soligno. Luego se supo que, se hizo pasar como si fuese un vulgar asaltante, y para confundir a sus captores, había arrancado de la muñeca de su brazo derecho la pulsera que llevaba puesto, y afirmando a viva voz les dijo a sus captores: ¡Jefe, jefe, disculpe solamente pude asaltar este reloj! ¡Nada mas Jefe, por favor! Los agentes del Ministerio del Interior y los efectivos policiales, resolvieron dejarlo libre, porque creyeron y fueron convencidos hábilmente por el "Tractor“. Por supuesto que, no era (un asaltante) a quien buscaban los agentes. Hoy, es un gran profesional ingeniero.
El "Cochalo", fue capturado en el primer momento. En su cautiverio fue sometido a toda clase de vejámenes y torturas para obligarle a delatar a sus compañeros. No lograron quebrarlo, hasta que después de unos meses fue liberado. Luego, su comportamiento fue admirado por todos los "jotosos" , y en lo posterior demostró que estaba más resueltamente en las filas.
El “Carlos”, ante la imposibilidad de huir del lugar para internarse al bosquecillo, se había escondido en medio de unos arbustos a pocos metros por debajo de la carretera antigua que sube a la ciudad de el Alto, exactamente en el mismo lugar donde los agentes y policías instalaron su puesto de mando. Ahí permaneció inmóvil por aproximadamente más de tres horas, y pudo oír las ordenes de los mandos de inteligencia y de la policía para atraparlos vivos o muertos a los “comunistas”. Muy cerca de ellos, desde donde se desplazaban los sabuesos de la dictadura, estaba inmovilizado sin poder huir del lugar soportando el rigor del frió invernal de la noche, para evitar ser capturado. Antes que asome el día y cuando el puesto de mando represor se retiro mas arriba del lugar, recién pudo abandonar su refugio y empezó a arrastrarse, después a rodar hacia el carril de la vía del tren que atravesaba el bosquecillo, porque en más de tres horas y en total inmovilización, sus piernas no le obedecían, estaban entumecidos. Finalmente se puso a salvo, caminando dificultosamente hasta mimetizarse entre los trabajadores municipales que, a esas horas de la madrugada, procedían al recojo de basura por la cancha "Fabril “ de Pura Pura, muy cerca a la fábrica Said, pudiendo ver muy de cerca a los jeeps del Ministerio del Interior que continuaban patrullando intensamente el lugar.
"Juan Carlos", se puso a buen recaudo desde el primer momento, cuando los efectivos de seguridad descubrieron al grupo. Se dice que evitó la represión. En la apertura democrática, llegó a ser máximo Ejecutivo de los Maestros Rurales de Bolivia.
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*Ramiro Barrenechea Z. en su libro "LA REVOLUCIÓN ABSOLUTA", menciona al trabajador minero Cupertino Caballero, militante del PCB, quien murió defendiendo la sede sindical minera en la masacre de la NOCHE DE SAN JUAN, acaecido durante el régimen militar del Gral. Rene Barrientos Ortuño. El Círculo de los jotosos del Tejar y de la Villa Victoria, había adoptado el nombre de Cupertino Caballero, como homenaje a un digno exponente del proletariado minero.
miércoles, 24 de abril de 2019
NO ESTABA BORRACHO, PERO ME ACUERDO
YO ME ACUERDO
(a Víctor Hugo Vizcarra)
Desde el “Averno” nuestro territorio libre,
escribías sobre tus demarcaciones ,
los rastrillajes de la “Casa Blanca”,
el “Volcán” que lo enfrió al Silvico,
a los k”olos del Prado en el” Oriental”
y sus “sobrecitos” de base.
Desde el “Averno” nuestro territorio libre,
pasabas revista sobre tus avanzadas,
de esos machos de las “Cadenas”,
de los “chachos” del Tejar y del Alto Chijini
hasta el “Avión” y su “Teniente”,
y a la resplandeciente “Linderas”.
Desde el Averno nuestro territorio libre,
avizorabas a aquellos personajes históricos:
el Víctor, la Lupe, Braulio, Barbarella,
los inefables “alfonsos” Jaime y Gonzalo,
dignos y bien machazos excadetes
que le sentaron la mano al patrón del Averno.
Desde el Averno nuestro territorio libre,
los panfletos subvirtieron el orden interno,
te cagaste en la doctrina de seguridad nacional,
con la “Jota” te rebelaste al General rajatablas,
aunque simularon tu fusilamiento,
no te arredraste ante la grotesca “huesuda”.
Pertrechado de historias de resistencia
bregaste por la reconquista de la democracia.
Aunque no estaba borracho, yo me acuerdo…
