Desde la
Cordillera de Los Andes,
descendiste
bravío y resuelto
flanqueado
por altivos cóndores.
El
viento bramó con furia rebelde
la proscripción
no lo impidió,
se
puso sus botas de combate.
Disciplina,
coraje y lealtad,
agoje templado en el Partido
de
hombres nuevos ejemplares.
Contienda
épica en la oscuridad
un haz
de la estrella fugaz
ilumino
tu rostro de bizarro.
Metal
de fuego y filos de acero
escupiendo
muerte te cercaron.
Y tú, columna
vertebral de clase.
Te acordaste
del c.c. Korchagine
templado
como un acero
te
inmolaste bregando por tu clase.
La águilas negras se acobardaron
no pudieron cebarse con tu sangre,
huyeron al saber de tu hazaña.
Dicen que en aquel lugar brotaron
retamas amarillas y claveles rojos,
que el aire tiene aroma de primaveras.
Carlos Rafael
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