La sostuve junto a mi pecho,
ella había caído,
su piel aún estaba caliente,
rosa roja púrpura,
primavera que desangraba.
Me puse de pie,
y sin quebrantarme la canté,
la internacional,
el gran himno al que temen
los opresores.
El himno de la rebelión que
se justifica.
Pablo Rojas