El malvado, se escuda en la Sagrada Biblia,
cree que por sus actos de crueldad,
Dios se alegra.
Juega con la vida y las naciones del mundo entero.
Se cree todopoderoso, que todos
le debemos obedecer;
sus adláteres creen que es
un enviado de Dios.
Los "falsos profetas" nos dicen,
"debemos orar por él",
"cuando menos, una oración
cada semana".
Ya ni hablan de los "últimos tiempos",
tampoco de la llegada del mismo
anticristo.
Al diablo el derecho internacional
y las Naciones Unidas,
al diablo la soberanía y la libre
autodeterminación,
al diablo los que no le otorgaron
el "premio nobel".
Al diablo todo el mundo, menos
aquel pendejo.
¡Porque el mundo le pertenece!
Pero caerá de su pedestal de arrogante
y abusivo;
caerá de lo más alto, y se oirá
en el mundo entero,
el ruido estruendoso de su caída.
Mientras tanto:
!Ave emperador!
¡He dicho!